ORACIÓN DE LA NOCHE DEL DOMINGO 29 DE MARZO

Señor, en esta noche te doy gracia porque a lo largo de este día me has hecho sentir que soy capaz de vencer las dificultades. En este momento te suplico que pases tu mano sanadora por todo mi ser, te pido que eches fuera toda enfermedad física y emocional.

Quiero sentir que el fuego de tu amor me esta liberando de toda afección y me esta preparando para que sigas adelante con toda la salud que necesito. Regalame la fe suficiente para mover las montañas de tristeza, de dolor, de miedo, de problemas.  Quiero confiar en ti y saber que estas allí.

Quiero confiar en tu poder y saber que actúas en mi y que podre vencer las dificultades. Necesito tener el corazón libre de todas las situaciones complicadas para poder vivir haciendo tu voluntad, amando, sirviendo a aquellos que forman parte de mi vida.

Dame humildad para reconocer mis errores, pero sobre todo dame la sabiduría para que los pueda aprovechar para crecer y así poder ser cada día y mejor ser humano. Estoy seguro de que si actúas en mí, todo sera mejor y podré asumir las actitudes que necesito para desarrollar mi vida.

Confío en tu misericordia y te suplico que me llenes de tu amor para poder levantarme mañana libre de todas estas sensaciones negativas. Llena mi corazón de amor para saber perdonar, no quiero ir a dormir con ira ni con deseos de venganza.

Gracias por los momentos de paz que me das, a través de ello me puedo dar cuenta de tu amor por mí. Me pongo en tus manos para que me permitas dormir tranquilo y me impulses mañana a vivir el día con todas las ganas necesarias para ser feliz.

Salmo 129 (128) : 

R/. Del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa

Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz,
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica. R/.

Si llevas cuentas de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto. R/.

Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora.
Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora. R/.

Porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a Israel
de todos sus delitos. R/.

Lectura del santo evangelio según san Juan (11,3-7.17.20-27.33b-45)

ORACIÓN DE LA NOCHE DEL DOMINGO 29 DE MARZO

En aquel tiempo, las hermanas de Lázaro mandaron recado a Jesús, diciendo: «Señor, tu amigo está enfermo.»
Jesús, al oírlo, dijo: «Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.»
Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, se quedó todavía dos días en donde estaba.

Sólo entonces dice a sus discípulos: «Vamos otra vez a Judea.»
Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa.
Y dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá.»

Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará.»
Marta respondió: «Sé que resucitará en la resurrección del último día.»
Jesús le dice: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?»

Ella le contestó: «Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.»
Jesús sollozó y, muy conmovido, preguntó: «¿Dónde lo habéis enterrado?»
Le contestaron: «Señor, ven a verlo.»
Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban: «¡Cómo lo quería!»
Pero algunos dijeron: «Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera éste?»

Jesús, sollozando de nuevo, llega al sepulcro. Era una cavidad cubierta con una losa.
Dice Jesús: «Quitad la losa.»
Marta, la hermana del muerto, le dice: «Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días.»
Jesús le dice: «¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?»
Entonces quitaron la losa.

Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo: «Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado.»
Y dicho esto, gritó con voz potente: «Lázaro, ven afuera.»

El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario.
Jesús les dijo: «Desatadlo y dejadlo andar.»
Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

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