ORACIÓN DE LA NOCHE DEL MIÉRCOLES 01 DE ABRIL

Gracias, Señor, por todas las bendiciones que me has dado a lo largo de este día. Te abro la puerta de mi corazón para disponerme a escucharte, necesito sentir que estás a mi lado y que pase lo que pase podré salir adelante.

Sé que me abrazas y me dices que estás aquí conmigo, gracias por alentarme y por conducirme a vivir bajo tus mandatos. Que los ruidos de las actividades cotidianas no me impidan seguirte y abandonarme en Ti, quiero que me hables al corazón, que me muestres los planes que tienes para mí.

Mis preocupaciones están en tus manos, gracias porque sé que mientras descanso me vas a estar preparando para el día de mañana.

Gracias porque sé que estás actuando en mí, me dispongo a ofrecerme en la evangelización, que germine en mi corazón esa semilla de la verdadera vida y se haga vida en mis actos, pensamientos y acciones.

Gracias por mostrarme el camino verdadero para llegar a Ti, que mis ojos no se desvíen de Ti, para no dejarme envolver por los encantos que me llevan al descontento, a la tristeza y al sin sentido.

Necesito sentir que estás siempre conmigo eso me da seguridad para seguir luchando.

Estoy seguro que en este momento me estás llenando de tu amor y de tu fuerza para seguir adelante. Muéstrame las oportunidades en las que Tú quieres y sabes que daré lo mejor de mí, gracias por socorrerme ante los obstáculos confiando de que estoy en tus manos.

Gracias por bendecir a las personas que amo y que en este mismo instante son llenas de tu paz y de tu serenidad. Duermo feliz porque sé que estás aquí cuidando y protegiendo mi sueño.

ORACION DE LA NOCHE DEL MIÉRCOLES 01 DE ABRIL

Señor mío y Dios mío, este día que acaba es la excusa perfecta para encontrarme contigo y contarte cómo están las cosas en mi vida. Sabes que he enfrentado dificultades, y sé que lo sabes porque estuviste conmigo en esos momentos, alentándome y dándome habilidades para superarlas.

Gracias por las palabras que me motivaron a ser mejor. Hoy al terminar el día, solo quiero pedirte una cosa: enséñame a amar a los demás como Tú me amas a mí, en libertad, sin intereses por debajo.

Ayúdame a amarlos cada vez más y mejor. Y que el amor pueda demostrarlo. Enséñame a escuchar más, a poner más de mi parte para que ellos puedan tener una vida tranquila.

Desde ya te pido que me regales un descanso tranquilo para reparar todas mis fuerzas y salir mañana con nuevos ánimos a seguir viviendo con la alegría y la felicidad que Tú pones en mí.

Lectura de la profecIa de Daniel (3,14-20.91-92.95):

EN aquellos días, el rey Nabucodonosor dijo:

«¿Es cierto, Sidrac, Misac y Abdénago, que no teméis a mis dioses ni adoráis la estatua de oro que he erigido? Mirad: si al oír tocar la trompa, la flauta, la cítara, el laúd, el arpa, la vihuela y todos los demás instrumentos, estáis dispuestos a postraros adorando la estatua que he hecho, hacedlo; pero, si no la adoráis, seréis arrojados inmediatamente al horno encendido, y ¿qué dios os librará de mis manos?».

Sidrac, Misac y Abdénago contestaron al rey Nabucodonosor:

«A eso no tenemos por qué responderte. Si nuestro Dios a quien veneramos puede librarnos del horno encendido, nos librará, oh rey, de tus manos. Y aunque no lo hiciera, que te conste, majestad, que no veneramos a tus dioses ni adoramos la estatua de oro que has erigido».

Entonces Nabucodonosor, furioso contra Sidrac, Misac y Abdénago, y con el rostro desencajado por la rabia, mandó encender el horno siete veces más fuerte que de costumbre, y ordenó a sus soldados más robustos que atasen a Sidrac, Misac y Abdénago y los echasen en el horno encendido.

Entonces el rey Nabucodonosor se alarmó, se levantó y preguntó, estupefacto, a sus consejeros:

«¿No eran tres los hombres que atamos y echamos al horno?».

Le respondieron:

«Así es, majestad».

Preguntó:

«Entonces, ¿cómo es que veo cuatro hombres, sin atar, paseando por el fuego sin sufrir daño alguno? Y el cuarto parece un ser divino».

Nabucodonosor, entonces, dijo:

«Bendito sea el Dios de Sidrac, Misac y Abdénago, que envió un ángel a salvar a sus siervos, que, confiando en él, desobedecieron el decreto real y entregaron sus cuerpos antes que venerar y adorar a otros dioses fuera del suyo».

Palabra de Dios

Amén.

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