Señor mio y Dios mio, a Ti me acojo por medio de la oración de la noche del sábado 18 de agosto. Para no quedar nunca desamparado y solo. Porque en tus manos, Señor, me siento a salvo, es el único espacio donde me siento seguro y de Ti no me quiero alejar.
Quisiera contarte, Señor, que a veces siento que la vida pierde su color y su alegría. Que todo parece ponerse gris y por eso me refugio en Ti porque Tu eres mi consuelo y mi esperanza.
Hay muchas realidades que me generan intranquilidad y angustia, es ahí cuando entiendo mi debilidad, y que solo Tu eres mi protección y mi fortaleza.
Cuídanos Señor nuestro Dios
Jesús Amado, acaba el día; gozoso dejo ya mis labores y antes que tome un grato reposo postrado te pido el perdón de mis culpas y de mis malos pensamientos y sentimientos que tuve el día de hoy. Deposito en tus manos la fatiga y la lucha, las alegrías y desencantos de este día que dejo atrás.

Señor, me acojo a Ti porque me has salvado en tantas ocasiones, porque me has hecho cambiar. Porque me has dado valor y fuerza para enfrentar momentos muy difíciles. Porque sé que nunca me dejaras solo, porque al revisar mi historia de vida comprendo que siempre has estado ahí para socorrerme. Por eso sigo confiando, porque has actuado, actuando en mi vida. Gracias por ser mi Dios.
Te pido que esta noche te acerques a mi y me limpies el corazón; ayúdame a entender tu voluntad, aceptarla y vivir a tu manera. Necesito de tu paz y tu perdón para continuar el camino.
Quiero relajarme Señor, para tener un gran día mañana y poner mi vida al servicio de los demás. Desde mi profesión o desde cualquier actividad que vaya a desarrollar.
Amén.



