ORACIÓN DEL DÍA SÁBADO SANTO 11 DE ABRIL
«¿Qué es lo que sucede hoy? Un gran silencio envuelve la tierra; un gran silencio y soledad, porque el Rey duerme. Dios en la carne ha muerto y el Abismo ha despertado» (Homilía el Sábado Santo, PG 43, 439). En el Credo, profesamos que Jesucristo «padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos».
Mi Señor resucitado, al comenzar este día quiero darte gracias por tu gran misterio de amor y te suplico que me regales un poco de la fuerza de tu Espíritu y lléname de la alegría de tu presencia.

Quiero vivir alegre celebrando el día de tu triunfo glorioso sobre las tinieblas. El día en que destruiste la muerte, fueron rotas todas las ataduras y la luz emergió victoriosa entre las penumbras
Dame la valentía y la fuerza necesaria para aceptar tu voluntad y poder ser así un verdadero testigo de tu amor y de tu resurrección, comunicando al mundo que la oscuridad y la muerte han sido vencidas en Ti
Aquellas lágrimas derramadas a los pies de tu cruz, hoy se convierten en gozo. Tu historia de salvación se hizo eterna. Nos has abierto las puertas del Cielo con esta perfecta obra de amor de la que me hiciste parte.Puedo decir con entera satisfacción que no he amado a una persona muerta, sino que sigo amando a un corazón vivo y que sigue derramando su misericordia y perdón a todos los que quieran volver sus rostros a Ti.

Oh Señor, no permitas que la llama de la fe y el poder de tu cruz se disminuya en mí y termine apagándose, por el contrario, ayúdame a mantenerla viva con la esperanza puesta en tu amor Tú eres mi refugio y consuelo, por eso, sabiéndote vivo y presente, recurro al poder reconciliador de tu amistad para que repongas mis fuerzas.Ayuda ahora a mi corazón a que salga de la oscuridad de sus vicios y resucite a una nueva vida haciéndote mi Señor, mi Rey y mi Salvador.
Señor mío y Dios mío, gracias por este momento de oración, y por el infinito don de tu amor. Gracias Dios salvador, porque no abandonas la obra de tus manos y hoy me das el don de la vida, para que tu nombre sea glorificado en ella. Tú diste la vida por mí para salvarme, ayúdame a dejarme transformar por ese amor maravilloso que sientes por mí. Al ver la cruz aprendo, que la vida sin sacrificio no tiene valor. Eres fortaleza que invita a seguir adelante, a sacar el pecho frente a las situaciones inciertas, el hombro y el rostro, por una humanidad mendiga y necesitada de amor.

Cargando sobre tus espaldas nuestros pecados, nuestro dolor, nuestras miserias, nuestros sufrimientos, nos reconciliastes con Dios, muriendo para conseguirnos el perdón y la salvación. Padre de amor, quiero encontrar las palabras adecuadas para darte gracias por tu sacrificio de amor. Bendito seas, porque no has tenido reparos en amarme y mirarme con misericordia. Tú miras lo profundo de mi corazón y no puedo escaparme de tu mirada.
Te entrego este día y lo consagro a tu voluntad, porque creo firmemente que ella está cargada de amor y misericordia para mi vida. Enséñanos, Señor, a elegirte cada día, y a repetir tu Sí en cada una de nuestras acciones. Danos la gracia de seguirte sin miedo y amarte por encima de todo. Padre, me pongo en tus manos, haz de mí lo que quieras, estoy dispuesto a todo, lo acepto todo, con tal que se cumpla tu voluntad en mí. Toma mi vida, Señor, que mi vida sea oración.
Amén.
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