Señor mio y Dios mio, me despierto en este día, rezando la oración diaria y también con la alegría que me da el saber que voy a encontrarme contigo. Quiero darte en este momento cada una de las cosas que tengo no quiero reservarme nada para mi, quiero darte mis cosas buenas, pero también todo aquello que refleja mi miseria humana.

Sé que Tu me miras con tus ojos misericordiosos, sé que como dice San Juan Eudes «el abismo de mis miserias, atrajo el abismo de tu misericordia» y por tanto, me recibes con cada una de las cosas que tengo, con todo lo que soy.
Gracias, querido Jesús, porque en esta mañana puedo empezar mi día a tu lado, confiándote todo lo que siento y percibiendo el amor que siento por Ti, que eres todo amor para mi.
Te alabo y te bendigo en medio de todas mis batallas, porque sé que en ella no peleo solo, sino que me acompañas en cada lucha que debo librar. Gracias por hacerte presente en este corazón, que aunque imperfecto, busca amarte.

Amén.
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