Señor mio y Dios mio, en este justo instante con el que puedo contar gracias a tu voluntad quisiera encontrarme contigo en una comunicación privada y efectiva en el que yo pueda hablar y dirigirme hacia ti en acción de agradecimiento, y tu me puedas contestar a través de tu palabra o a través de las circunstancias que se presenten en la vida que has diseñado y creado para mi.

Padre Santo, hoy te abro mi alma, mi corazón y te recibo como señor y salvador, para que me concedas ser la persona que tu quieres que yo sea.

Les abro las puertas de mi vida y de mi mente a tu presencia y a la acción divina del Espíritu Santo para que seas tú mi señor,  transformando todo mi ser y puliendo este diamante, esta joya de tu creación como lo es mi cuerpo, y que así todas mis acciones sean agradables ante tu altar presentando cada una de las cosas que realice en este día como perfume agradable ante tus pies; que seas tú, Señor, haciendo de mi una persona nueva.

Tu haces nuevas todas las cosas, y renuevas mi corazón cada día.

Amén.

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