ORACIÓN DEL DÍA SÁBADO 28 DE MARZO
Señor Padre Todopoderoso, señor de todo lo creado, protégeme en este día.
Llena mi camino de luz y ayúdame a prosperar como ser humano. No permitas que caiga y que, si lo hago, pueda levantarme, no me permitas rendirme.
Si necesito hablar, habla por mí, si miro, mira por mí, y si escucho, escucha por mí. Siempre habrá una ocasión para que cometa un error, pero te ruego que seas tú quien interceda por mí.
Guía mis pasos y camina junto a mí, ayúdame, cuídame y protégeme. Permite que todo lo que empiece hoy, tenga un final acertado.
Dame luz para ver lo bueno dentro de lo malo, y que no me deje llevar por el momento.
Permíteme ver el mundo con los ojos del amor, como tú lo ves, ayúdame a ser agente protector y bondadoso.
Haz que mire al prójimo con bondad, aunque no sea el mejor de los días, mantenme siempre viendo el vaso medio lleno, nunca medio vacío.
No permitas que mi corazón se llene de sentimientos diferentes al amor, quiero buscar siempre ver lo mejor de cada cosa.
Quiero confiar en que tú mi Dios, sabrás qué hacer con cada una de las personas que han hecho daño en este mundo.
Por último, Dios, pero no menos importante, ayuda a todo aquel que esté sufriendo, sé piadoso con el pobre, el sin techo y el que tiene hambre, ayúdalo a salir adelante y hazlo ver que todo tiene una salida, es tu hijo, no lo abandones, no permitas que haya más niños sufriendo fuera de un hogar.
Te rezo a ti padre de bondad:
Bendito Padre omnipotente,
te agradezco por este nuevo día,
ya que con el nacer del sol, con mi despertar y con mi andanza por él,
tengo la ocasión de estar más cerca de ti, de ser mejor servidor de lo que fui ayer.
Te agradezco por la familia en que me has puesto,
por mis amigos que me guían por el bien
y todo aquello que lleva por el camino hacia ti, que representan algo positivo en mi vida.
Glorifica con tu Santo Espíritu, Señor,
cada uno de mis pasos, para que sea ejemplo de tu buen corazón
a todos los que en sendero encuentre.
Glorifica con tu Santo Espíritu, Señor,
mi lengua, mis labios y mi voz,
para que ellos sean defensores de tu palabra y transmisores de la misma.
Funde en mis manos tu santa sangre, Señor,
que estén repletas de tu divina obediencia, para que mi empleo sea bendecido.
Que sea tu dicha la que toque mi corazón, y sea cadena universal el saber que soy tu fiel servidor,
y de dicha manera ser un instrumento de tu divina paz.
Pongo en tus manos todo lo que hoy soy y lo que seré,
para que me moldees a tu imagen y preferencia,
de tal manera de ser semejante a ti, por el bien de tu pueblo,
y para que tu nombre sea glorificado en cada lugar que atraviese.
Te lo pido en el nombre del Padre, del hijo y del Espíritu Santo.
En esta hermosa mañana te entrego mi corazón con un Padre Nuestro:
Padre nuestro,
que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Te admiro Dios por ser tan bueno y llenarme de esperanza en cada amanecer, gracias a ti por tanto.
Amén.



